La globalización ya está aquí: todo se mueve, ya no existen barreras físicas. Un hecho que el autor relata de forma apasionada, simple y directa, pero con la intriga de querer lanzar el mensaje de “ya verás lo que pasará”. Prevé un siglo XXI lleno de “océanos rojos” – si nos permitimos emplear los términos de W. Chan Kim como ejemplo-.

Para ello, se sirve de su arma, el periodismo, y la usa para generar emociones a través de relatos basados en la cultura de los países árabes y asiáticos.

En mi caso, ha despertado la necesidad de comunicar a mis clientes que se despierten, que reaccionen y salgan a “mundear”, no sin antes analizar su situación a través de los ojos de Friedman. Pero hay detalles que, salvo ser un experto, es difícil llegar a imaginar, como es el caso del análisis de la actividad de los japoneses en sus relaciones comerciales con China: “Siempre China +1”. O lo que es lo mismo: mantener una parte de la producción en China y la otra, en otro país asiático; esta simple visión ya justifica estudiar la obra.

En ella, se narran múltiples ejemplos fáciles de relacionar con aquellos que acontecen en nuestro entorno. Las referencias de casos y ejemplos, son convincentes.

Una obra para ojear antes de reinventar una corporación que acepte que la tierra es plana. No hay distancias ni para ir, ni para que vengan. Al tanto con no saber anticiparse.

 

la-tierra-es-plana.jpgTítulo: La tierra es plana
Autor: Thomas Friedman
Editorial: Martínez de Roca 

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