Una de las claves del éxito de las empresas de hoy está en saber conectar las tres esferas de la creatividad, el conocimiento y la innovación.

La creatividad se encuentra estrechamente ligada a la innovación. La creatividad es la capacidad de imaginar o inventar algo nueva o de re-imaginar o re-inventar a partir de algo existente. La creatividad es una actitud, la voluntad de aceptar el cambio y la novedad, y la capacidad de jugar con ideas y nuevas posibilidades para la innovación continuada. La creatividad es también un proceso y como tal susceptible de reproducirse en diferentes entornos. Generalmente las ideas nacen de manera aislada, pero crecen y se reproducen en colaboración.

La creación de nuevo conocimiento es el activo más importante que tienen hoy en día las empresas para ser competitivas e innovar en un entorno cambiante. El conocimiento es la capacidad de organizar las buenas ideas en un cuerpo que permita la acumulación, la transmisión y el aprendizaje, y la gestión en sistemas, servicios y productos. La acumulación de nuevo conocimiento conduce a la innovación continuada y a la mejora de la ventaja competitiva de las empresas. Hacer emerger nuevo conocimiento permite conseguir el equilibrio entre las personas, los procesos y las tecnologías a partir de la creación de entornos de trabajo físicos, mentales y virtuales.

La capacidad de relacionar la creatividad y el conocimiento en un diálogo interpretativo es lo que denominamos innovación. Frente al modelo analítico de resolución de problemas, la innovación como proceso interpretativo tiene que ver más con el lenguaje y la capacidad de iniciar y guiar conversaciones entre grupos e individuos. La innovación es la manera en qué las buenas ideas son gestionadas, aprendidas colectivamente y comunicadas frecuentemente de manera no lineal. La innovación se basa principalmente en las personas, pero también en procesos y espacios de aprendizaje que fijan los contextos apropiados para la creación de nuevas ideas y conocimiento.