El conocimiento se hace cada día más imprescindible para la competitividad de las empresas. De aquí que su gestión se haya convertido en un enfoque fundamental para hacer frente a los problemas relacionados con la competitividad y la innovación. La práctica de la gestión del conocimiento ha convencido a muchos responsables empresariales de la necesidad de evitar los costosos problemas que se asocian con estar “reinventado la rueda cada día”. Las empresas necesitan encontrar nuevas formas para adquirir conocimiento a través de proyectos realizados en lugares y momentos distintos.

La gestión del conocimiento se define como el proceso permanente, mediante el cual se crea, gestiona, sistematiza y distribuye el conocimiento entre los miembros de una organización, materializándolo en productos, servicios, sistemas y procesos. A través de esta gestión, las organizaciones consiguen que sus productos y servicios generen y adquieran un valor añadido, que los diferencie.

En la actualidad, gracias a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), disponemos de buenas herramientas para agrupar y capturar el conocimiento de los trabajadores, y hacerlo accesible a otros, para poder ser utilizado en distintos proyectos. La prioridad se centra en la identificación y captura de los “activos basados en el conocimiento de la empresa”, de manera que puedan explorarse, explotarse y protegerse por completo. Para ello  es necesaria la puesta en marcha de procesos y herramientas de apoyo. En definitiva, se trata de acumular el conocimiento de los trabajadores y transmitirlo a los demás a través de una aplicación sencilla.

No obstante, la herramienta tecnológica, si bien necesaria, no es suficiente. Hace falta tener en cuenta las personas. Estamos acostumbrados a ver muchos proyectos de gestión del conocimiento centrados en la captura, codificación y explotación del conocimiento de los empleados por medio del desarrollo de mejores herramientas y métodos, pero que olvidan de la gestión y el desarrollo personal. Si queremos que la empresa sea lo más parecido a una organización inteligente, se ha de dar prioridad a las personas; para sacar provecho de la capacidad de aprendizaje de una empresa y de los individuos se necesita la gestión de aspectos complejos, incluidos los valores culturales, el compromiso de las personas y el liderazgo.

En definitiva, para que una gestión del conocimiento tenga éxito, se necesita una mezcla de personas con habilidades, procesos empresariales y TIC. A menos que los aspectos de compromiso, confianza, cultura y liderazgo se tengan en cuenta, los empleados no estarán dispuestos a comprometerse.