Tener trabajo, y asegurarlo, requiere aportar valores a cambio.

Afecto, dinero, trabajo y estima son, tal y como comenta la escritora Isabel-Clara Simó en su libro “El Caníbal”, lo que todos esperamos de nuestro entorno vital. Pero… ¿y si no es así? ¡Párate y duda de si lo estás haciendo bien! Pregúntate: ¿cómo me ven los demás? ¿Me necesitan para sus fines? Cada uno de nosotros construimos en nuestra mente nuestro “propio valor”, o el que creemos que es.

De ahí la importancia de usar el tiempo psíquico como herramienta para determinar lo que valemos. Es decir, el tiempo que utilizamos al recordar los datos de nuestro pasado, el profesional, en nuestro caso. Y esto sucede cada vez que tenemos que redefinir nuestro futuro y no dejarnos llevar por el tiempo físico, que se consume de forma intangible.

Así, ¿cuál es la “dirección” de nuestro tiempo?  Como el tiempo no es nada, nosotros seremos la consecuencia de las cosas o actos que realicemos en el mismo. Es el caso de nuestras actuaciones profesionales que, por ser tangibles, generan actos y consecuencias.

¿Y la “sombra” del tiempo? Jugando con la imaginación, nos aparece como aquello que resulta del uso de nuestro tiempo que ensombrece las opciones de beneficiarnos del afecto de los demás, de que nos falte dinero para vivir o de estar desmotivados en el trabajo y, en consecuencia, perder autoestima.

¿Dirección? ¿Sombra?… Son conceptos que dependen de “cómo te ve el otro”, en el caso que nos ocupa, al que queremos venderle algo.

Tú puedes creer saber cómo eres, o cómo es el otro, pero ¿cómo te ve el otro a ti?, ¡súbete al tiempo psíquico y estúdiate! Lo que el otro piense de ti, es la clave para poder vender, o mejor: para que te compren tu tiempo a cambio de un trabajo. Es la contraprestación del “doy- me das”.

¿Y qué quiero yo de los demás? Evidentemente que mi auto-empresa - que soy yo- tenga un beneficio a largo plazo. Algo similar a cuando se valora el fondo de comercio de una corporación, como la diferencia entre valor real menos el valor contable - entendiendo por valor real, las expectativas de beneficio-. Una empresa vale lo que valdrá en el futuro.

El comprador sólo cerrará un acuerdo cuando vea que en el futuro obtendrá más beneficio que lo que ha estimado el vendedor para tasar su precio de venta. Nadie compra creyendo que pierde.

Por ello, para asegurar tu mercado o cliente, debes de parar, ordenar y procesar los datos que tienes sobre ti y sobre cómo debe de pensar el otro al respecto. Sitúa la respuesta en un escenario de emociones y véndela, o busca otro cliente. Todo está en saber usar el tiempo psíquico.