La creatividad es un proceso y la innovación es un resultado. Actualmente muchas empresas se plantean su viabilidad globalizada. Los gurús avispados incitan con sus lecciones a que el acto de “crear” se realice en las organizaciones; si se logra: ¡vaya!, ya ha funcionado la recomendación.

Crear es predisponerse a cambiar algo, es una labor de empuje individual que debe ejercer el gerente. Por eso tiene que estar siempre ON, es decir, conectado al entorno tecnológico y comercial, para VER qué está pasando, sintetizarlo, añadir su experiencia y conocimiento… “CREAR”. Sí, parir una idea  que sea diferente y promover el acto de transformarla en realidad y, ya está, nace la innovación.

Un gerente está OFF si simplemente realiza aquello que los demás solicitan de su empresa, si no se para a imaginar, a plantearse la necesidad de tener nuevas ideas que permitan a la compañía desarrollarse en la dirección definida en su esencia corporativa. En cambio, un gerente ON analiza las aportaciones y sugerencias de los profesionales que le rodean, decide si tienen visos de realidad y se preocupa de buscar los medios disponibles para su ejecución. Pero, ¿qué sucede si al gerente no le llegan sugerencias?

Si su trabajo consiste sólo en administrar los medios comerciales y productivos trabajará el día a día sin plantearse la tendencia a innovar. Sólo asumirá las tareas de realizador y no las de impulsor; incubará en su equipo de profesionales el “nosotros” y el “ellos” y cada uno se esforzará por su objetivo individual (no siempre coincidirá con el corporativo). “Él” o “YO”, es el temido virus. Si anida en una empresa hace que se pare las creación de ideas y, por tanto, la inercia a la innovación.

Mikaela Ekholm, experta en comunicación empresarial, en un análisis lacónico del comportamiento gerencial, sintetiza en estos dos conceptos las actitudes en el management: “ON o OFF”. Margin Pilots recoge estos posicionamientos con un tono espartano a través del “SONIDO o SILENCIO” de ideas en el entorno del gerente. Se necesita ruido para iniciar el proceso creativo, si no hay, el pulso de la creatividad es un cardiograma plano. Negativo, muy negativo para asegurarse el futuro.
Ante un plan de futuro hay que atender, escuchar y dar la oportunidad para que se expongan ideas. De no lograr este ejercicio se corre el riesgo de asfixiar la posibilidad de que nazca el plan que requiere la empresa para disfrutar de un buen futuro.