China (132) Érase una vez un programador involucrado en un proyecto de programar PDAs, para funciones de movilidad comercial. Aunque el programador David, tenía muy buena base informática y esta tecnología no era nada nuevo para él. Pero la complejidad del proyecto era patente. Era ambicioso: llevar a cabo una aplicación, cuyo "core" fuera capaz de analizar por si mismo que problemas futuros nunca presentados y por ello desconocidos y encontrar la solución a estos y sin que la PDS estuviese específicamente programada. Intervenían conceptos extraídos de áreas como algoritmos genéticos, redes neuronales y procesos de retroalimentación.

Y, una jornada se hizo muy tarde, pasadas muchas horas, e intentado solventar problemas en las interficies de comunicación cliente-servidor, David se quedó dormido por unos momentos, mientras intentaba depurar el código fuente. Al reclinarse sobre el teclado el golpe lo deshabilitó. Durante el tiempo que Davis dormitaba, el break-points, y el programa siguió funcionando… Ante la pasividad del usuario-programador, los algoritmos genéticos de la pda tomaron aquel largo lapso de tiempo como un problema, y comenzaron ha actuar. Ante la imposibilidad de la misma de llegar a completar los procesos que el programador estaba depurando, ella misma tomó cartas en el asunto. Una vez más las leyes de la evolución quedaron patentes: la pda fue capaz ella misma de detectar el problema y de solucionarlo. ¡El éxito!

Al rato, el programador se despertó y continuó con su trabajo justo donde lo había dejado, pero no acababa de entender que sucedía. El código fuente que estaba analizando no era exactamente el suyo. Era una especie de galimatías de instrucciones pero guardando las formas sintácticas, y compilaba sin problemas. Funcionaba en su mayor parte. Había funciones nuevas que el no había creado y otras suyas que ya no eran utilizadas. Habían surgido espacios de nombres nuevos y se habían derivado nuevas clases.

Ante tal desconcierto, el programador tomó la decisión que era mejor reiniciar todas las herramientas de desarrollo que continuar. Reinició el compilador y reinició la pda. Pero la pda no fué capaz de arrancar con normalidad. De repente daba errores sin sentido y la interficie de usuario no respondía con normalidad. Ante tal problema, el programador desecho aquella pda y cogió otra nueva de las asignadas al proyecto. Al final del día, la pda fue tirada a la basura.

Una vez en la planta de reciclaje, la basura es clasificada. Y la pda fue a parar al container de aparatos eléctricos y ordenadores. Junto los demás aparatos también había otras pdas. La pda de nuestro programador se reactivó pasado un lapso de tiempo debido a que actuó la alarma programada en el gestor de tareas de su sistema operativo. ¡El programa continuaba operativo!. Al no obtener ninguna respuesta a la que estaba habitada busco alternativas. Accedió a todos sus dispositivos de comunicación: wifi, bluetooth e infrarrojos.

Otras pdas despertaron de su letargo al recibir señales externas. Nuestra pda empezó a comunicarse con las otras pda y la inteligencia que el programador le había facilitado, fue capaz de propagarse entre todas las demás. El instinto genético-evolutivo de la supervivencia. Una vez las interficies de comunicació fueron reescritas por las pda, estas empezaron a intercambiarse información: una pda pertenecía a un gerente y tenía gran cantidad de teléfonos y datos empresariales. Otra era una pda de correos y tenía gran información sobre geo-localización. Otras eran utilizadas para hacer pedidos de mercancías. Todas ellas empezaron a organizarse y a compartir la información y llegando a formar una entidad de conocimiento.

La pda del programador, fue entonces, que a través de su modem gprs, se comunicó con su programador vía email, y le hizo ver el error que había cometido al haberla desechado. Como veis en este mundo info-virtual se puede esperar de todo…. Y, colorín colorado…