Blog_Juego_2 Señores presidentes: Regulación, vigilancia y ética. Es lo que sugiere, Michel Camdessus, ex presidente del FMI, para reordenar los poderes de la banca. Y, recomienda volver al sentido económico moralista de Adam Smith, que apostaba por el equilibrio productivo, en una época que todo ocurría despacio; en que valores como la codicia y el saber empujar a los confiados ciudadanos, al específico consumismo, como el inmobiliario, que solo ha destilado beneficios negocios para los cargos de elite. Ejecutivos que en definitiva, con sus evidenciados montajes financieros, son los que se han llevan el MÁRGEN, en las grandes corporaciones e instituciones políticas. Ellos, hasta ahora nunca pierden.

Estos consejeros delegados y altos directivos, tenían y posiblemente aun lo tengan, el claro objetivo fijado, en su inconsciente adaptativo:“ganar y ganar”. Sin ni siquiera tener que mantener una transparencia legal en muchos casos. Ahora las cosas no van bien. Estamos en la crisis. Estos grandes “sacerdotes” como en su época lo fueron en Egipto que dominan, controlan y deciden por los demás, han complicado a millones de personas que se han hipotecado, para satisfacer de forma subyacente, sus ambiciones en plena hecatombe económica. ¿Por qué los seguimos? ; ¿Cómo un joven de la llamada generación “Y”? formado y con capacidad de pensar, les admiten aun la tomadura de pelo, de haber sido empujado a un endeudamiento de por vida.

< Heródoto escribió… que los egipcios eran "los más religiosos de los hombres", y en efecto, la religión estaba presente en todos sus actos y en todos sus pensamientos. Pero la cosa más asombrosa es que estos hombres y estas mujeres del Antiguo Egipto pudieron llegar a tener esta fama aun estando completamente marginados de las ceremonias y de los ritos más importantes… Los fieles acudían en multitud a las grandes fiestas religiosas que se celebraban en los santuarios, pero, en general, su papel era siempre el de simples espectadores…>.

La gente sencilla, acelerada y ensalzada por un marketing subliminal, ha comprado más de lo debido. Los políticos no han sabido educar a los ciudadanos, “pillados” por la cultura generalizada del “todo vale”. Los cerebros pensantes de las grandes corporaciones, han llevado a cabo sin contemplaciones acciones equivocadas y que ahora solo son castigadas con un “menos diez por ciento del sueldo”.

Bajarse el sueldo, repartir menos, no es una solución. Los profesionales que hayan errado y no pongan remedio en reponer la pérdida, deben de ser despedidos de sus respectivas corporaciones. Quienes estén voluntariosos y predispuestos a recomponer con una nueva economía, deben de seguir en su posición y ejercer el management, que permita salir de la situación de crisis a su corporación: accionistas, empleados y clientes impositores, cautivos todos, de la calidad de gestión de las direcciones superiores.

La gente sencilla, las personas, no pueden de dejar con confiar en las instituciones o el engranaje de la economía se romperá. La religiosidad del ciudadano solo se mantendrá si los consejeros delegados y altos directivos son gente capaz de ayudar a las personas a volver a prosperar con futuro. No más pillos. El país necesita profesionales que se comprometan con objetivos, en cantidad y fecha, que están en las decisiones que opten a nivel de las direcciones generales y los presidentes al frente.

Es el momento de los PRESIDENTES DE LAS INSTITUCIONES, deben de focalizar a sus directivos en generar innovación y economía del conocimiento, la primera en versión DISRUPTIVA y Formación en aprender la nuevas situación global. Sí, despedir a quienes no entre en sus planes, adquirir nuevas habilidades. Sanear de las organizaciones los pícaros que persiguen maximizar sus beneficios a costa de todo y de los demás. Los profesionales con talento no soportarán trabajar para mantener a quienes no aporten conocimiento, Cuando las cartas se ponen boca arriba, quién no tenga puntos que aportar, debe de dejar la partida.

Las grandes instituciones, deben de descargarse de gastos. Aplicar la “fórmula 30-70”. Detectar a quienes no cumplen, desenmascarar las “mentiras vitales” como expresa Henrik Ibsem. No encubrir evidentes deficiencias; de personajes que cobran y no aportan, Si no se marchan, no hay cambio. Evitar las conspiraciones de silencio perjudiciales que cegadas de conocimiento y previsión han llevado al caos económico. Prescindir de estos  “happy losers”, conocidos por muchos y que pocos abordan el enfrentarse a ellos. Los presidentes de las corporaciones deben de desarrollar una cultura de franqueza, examinar su entorno y crear unas nuevas normas organizativas que saneen sus organizaciones.

Localizar a los colaboradores que tienen talento. Asegurarles sueldo y sus bonus, para que su ego-economía este potenciada, y la plasticidad de su cerebro pueda generar el ingenio que se requiere, para buscar nuevas soluciones a los "nuevos problemas" que tenemos enfrente.

Reducir la partida de los sueldos de la alta dirección pero limpiando de personajes de solo un valor fungible. Descubrir los secretos que tienen vinculados estrechos grupos que se distancian de los demás, eliminar estos clanes cerrados, es el momento delatarlos. La sociedad civil juzgará, en el momento que los medios de comunicación sepan que la razón está en los ciudadanos y que deben de ayudar a desenmascarar a quienes cobran y  o trabajan. La prensa será otra víctima del caos de los que mandan solo para especular.

El ex presidente del FMI, le dice al periodista Victor-M. Amela, que un amigo musulmán de regaló una tablilla con esta sura del Córan: “Adonde sea que mires, ves la cara de Dios”. Y, a mi, otro amigo musulmán me dijo hace años ante la responsabilidad de firmar contratos: “La montañas no se encuentran, pero las personas si”. La organización, que no se gane el valor de la moralidad, la propia sociedad civil, tarde o temprano la repudiará.

Mover el engranaje de la solución, está en manos de los presidentes de las corporaciones. Ejercer con inteligencia y valorar a los que menos tienen, que son los consumidores potenciales futuros, para que pueda seguir su negocio. No a los consejeros delegados, que nada tengan que aportar en como salir de la crisis.

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