los 4 dedos del ecomista Un profesional economista rompe el silencio y clama que hay que cambiar la actitud alarmista en la forma de comunicar los destrozos del tsunami crisis. José Velasco Jimenez en su carta en La Vanguardia dice que no hay que desmotivar más al personal y que mejor ignorar y vivir en “alegría” que deprimirse. Sugiere una intervención de la psicología para que, según él indica, como ciencia que estudia el comportamiento humano, sea ella la que hable y que <… nos oriente a todos, políticos, banqueros, empresarios… >… para superar esta crisis de pánico.

Según Velasco, se trata de vivir con más alegría y eliminar “las falsas” alarmas que inducen al miedo. Buenas intenciones no le faltan pero para solucionar la crisis hay que estar alerta a su cruenta bitácora y hacer cada uno el papel que le corresponde. Y en el caso del economista, por definición, es el de estudiar los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas materiales mediante el empleo de bienes escasos. No querer endulzar los acontecimientos ignorándolos con cataplasmas psicológicos.

Efectivamente, el miedo altera el sistema cognitivo de las personas. Pero es necesario para poder apreciar y poner en marcha mecanismos de defensa ante los sucesos predecibles que se visionan en base a la información para aquellos casos que nos puede afectar la crisis y en los que ésta ya ha calado poder buscar posibles soluciones reales. Una familia no vive de alegría solamente. Necesita esos medios económicos que el desdén de los causantes de la crisis ahora le niega.

Para ahogar la crisis se necesita que los economistas generen su “nuevo modelo” y que los criminales sociales paren las acciones de despilfarro, como dice este mismo día en La Vanguardia el profesor Pedro Nueno en su artículo “Despidiendo”. No se hubiese podido engendrar el caos que afecta ahora a toda la sociedad de los “no ricos”, sin enriquecer a los de siempre y sin la ocultación de mentiras vitales de los economistas a la sociedad.

La economía analiza lo que ha pasado de forma similar a la psicología, dónde el comportamiento se ha mantenido. Pero, a mi entender, hay que ir más lejos en el análisis. Hay que penetrar en cómo se han procesado las ideas para ejecutar los hechos. La nueva NEUROECONOMIA puede ayudar en este cometido como la ciencia de la toma de decisiones. Y más ahora ante la incertidumbre de los acontecimientos, que pueden ser atajos heurísticos, como argumenta el psicólogo, economista y Premio Nobel Daniel Kahneman. Pensar en la predictibidad de las decisiones es hoy más que nunca interpretar los resultados y no esconderse en el miedo ni evadirse en la efímera alegría. La neuroeconomía alinea la economía y la psicología a la nueva neurociencia. A mi entender, lo que debe de aflorar en la mente de quienes toman decisiones es la inteligencia emocional positivizada para instruir nuevamente a la sociedad y poder salir de la hecatombe económica.

No hay tiempo que perder. El ánimo de las personas será optimista si ve solución a sus problemas. Y no de otra forma. Los economistas deben de buscar en su corazón cuanto mal han hecho a las personas que han confiando en ellos, en sus actividades como banqueros, docentes y gobernantes. No han sido los bomberos, médicos ni padres de familia quienes han inflado el estado del bienestar hasta explotar. Ha sido la gula y la codicia del mundo en que se mueven en un corporativismo sin escrúpulos. ¡Economista dime que debo hacer! y no me pongas paños calientes con la psicología para eludir el presente.