hoguera Langa (9)Llega la crisis sistémica y los trabajos menos cualificados desaparecen y con ellos las parte de las organizaciones empresariales hasta entonces necesarias para sostenerlos. Surge el desempleo de todos los niveles de las empresas desde los conductores de reparto hasta los directores de logística. Crece de forma exponencial el número de parados y ello implica la polarización de los segmentos que forman la economía de consumo. Los ricos se vuelven más conservadores al gasto que nunca y los pobres solo pueden comprar lo justo para sobrevivir. El comercio se reduce y también afecta a los puestos de trabajo de la distribución y del retail muy perjudicialmente en aquellos productos prescindibles. La economía cae y el Estado recauda menos de lo que necesita para sus presupuestos. Todo de complica y además las condiciones de esta crisis no tiene modelo económico anterior para comparar y ejecutar soluciones que permitan superarlas. Surge la pregunta: ¿Qué hemos ejecutado en nuestro país que no ha llevado a esta situación de desempleo?

La respuesta esta subyacente en la propia pregunta ¡ha faltado el nivel de educación requerida en todos los niveles de la sociedad española! Quién niegue esta realidad es que aún es parte del problema y hay que aplicarle un correctivo urgente para que entiendan que hay que reaccionar, por el bien de todos aunque sea a costa de sacrificios individuales que casi siempre inciden en tener que perder privilegios. La motivación a la formación es compleja de ejercer ya que son muchos los actores que intervienen en su desarrollo. Todos tienen la voluntad de lograr los mejores resultados relacionados con que los trabajadores y trabajadoras adquieran las competencias necesarias para mejorar la actividad laboral en calidad, tecnología y como consecuencia obtener competitividad. Pero armar la acciones requiere medios y saber emplearlos. Los sindicatos y organizaciones de empresarios tienen hoy en su inteligencia de gestión por el acceso directo a los trabajadores y trabajadoras a activar la formación continuada de una nueva forma disruptiva para superar el radio de acción de otros años y además con presupuestos más ajustados que nunca. Más que suerte hace falta mucha inteligencia y visión social.

La cultura del aprendizaje y de la formación permanente cuando se viven en un Estado de bienestar es difícil promover el valor del esfuerzo ya que con el que se realiza la sociedad ya vive desahogadamente incluso sin ejercer oficios que requieren mucho aprendizaje y tiempo para especializarse. En España le economía de la construcción inmobiliaria y la de infraestructura nacionales ha ocupado por una década a millones de empleados que no ha requerido disponer de competencias en áreas industriales. Los otros dos motores de la economía en España como el turismo y la automoción ambos si han formado a la correspondiente mano de obra que los asiste. Pero en el primero ha irrumpido personal procedente de inmigración que han ocupado los puestos de trabajo de menor cualificación aceptando salarios mínimos y desplazando a muchos de los jóvenes nacionales que aspiran a mas retribuciones y en el segundo sector el de automoción la automatización de los puestos de trabajo y la moderna maquinaria para mecanizados y montajes han requerido mano de obra cada vez más especializada para pequeñas operaciones desterrando la necesidad de personal con oficios. Todo ello ha desorientado la economía de la educación para la formación profesional que pueda desarrollar trabajos innovadores complejos que por su valor sean altamente competitivos que permitan elevar el nivel de la economía industrial.

Solo la educación basada en una correcta ética basada en la virtud y la moralidad focalizada a lo mejor que actualmente requiere la sociedad puede hacer que lo individuos que ocupan cargos de responsabilidad puedan tomar las recurrentes  decisiones constructivas que permitan mejorar,  ganando ese valor que permitan construir un nuevo futuro. Los responsables de velar por el bienestar de las siguientes generaciones no se han preocupado de hacer lo necesario a cambio de hacer lo más fácil para su “ yo, aquí y ahora”. Se han olvidado el ejercicio diario de mejorar la educación y con ella la formación para adquirir las competencias y habilidades que la transformación de la sociedad globalizada exige o como un tsunami invade el mercado y desviando a sus países las oportunidades de crear empresas, negocios y comercio. No hay que inventar nada que otros países, los del siglo XXI, ya ejecutan como su normalidad.

Los actores que forman la cadena de valor de la educación profesional son los que deben de trabajar para ordenar las nuevas variables que se requieren para una vez aprendida la lección retornar a un Estado de bienestar sostenido por los puestos de trabajo que hacen que las empresas tengan oportunidades para producir.

El trabajo a realizar debe de motivar a los actores de la formación a seguir y apoyar con los máximos medio el proyecto de determinante importancia para que España pueda escalar a la posición que le corresponde entre todos los países del mundo: La formación continuada profesional. Ha de ser el nuevo paradigma en todos los ámbitos de la sociedad que incide en la economía como son las empresas, organizaciones y administración pública. También en la sociedad política hay que entrar con una nueva educación que ajuste a sus actores a la ética y concepto de gobernanza basada presupuestos ajustados al criterio “base cero”, que tan buen resultado dio en los años 80 para mejorar el márgen en las empresas.