X_P1080766La población con elevada educación, está recibiendo mayores ingreso,  es un hecho la rentabilidad de la educación en la sociedad que inevitablemente vivimos y a su vez es el principal factor determinante para incrementar las desigualdades entre pobres y ricos. La élites financieras concentran su poder en la sociedad y en las empresas, facilitando o negando la “educación de calidad” con su sistema de control de la sociedad a través de los políticos que a su vez instruccionan a los educadores y sorprendentemente estos no se revelan ante tal error (evidenciado es el fracaso escolar) como el mejor triunfo que beneficia a los propulsores del neoliberalismo las clase rica que tienen el marcado objetivo de disponer de una población sometida y manipulable por la asunción de población ignorante.

El progresar pasa por una mayor educación en los sectores más pobres de la sociedad que les permita un crecimiento de las rentas, una labor que tarda años en ver su resultado. Quién no dispone de una base educativa sólida tiene cerrada la puesta a ocupar puestos bien retribuidos o poder generar una actividad empresarial que le permita una autonomía económica. Hoy la presión del paro en toda la población hará que todo valga, que nadie levante un dedo por aquello de “a buen hambre no hay pan duro”. Caer aún más en el fracaso escolar los docentes y la sociedad en general no lo debemos de consentir.

 ¿Qué ocurre en el cerebro de los jóvenes que dejan los estudios, en el de los docentes que lo consienten y en los políticos que lo admiten? Lo primero es que no se han parado a pensar lo que implica llegar a una edad adulta sin la suficiente educación requerida para poder tener un trabajo digno. Tres son los actores eluden pensar en estas consecuencias. Los jóvenes como los grandes perjudicados, en la memoria de su cerebro no tienen pensamientos que les permitan realizar el efecto contraste, no tienen referencias (porque nunca las han vivido) para poder visionar el cómo sobrevivir de adulto sin la necesaria educación y la ausencia de formación para saber hacer algo que les permita un desarrollo profesional, como el único medio posible para poder sobrevivir en la sociedad consumista. ¡No son conscientes de ello!

Porque su cerebro no es capaz de dar sentido a nada que está dentro o fuera del mismo, si no puede detectar el contraste de una situación con la que pudiera tener en su consciencia[1] como base de toda cognición, no pueden tener la sensación de percibir el problema en primera persona. Ello implica no ver la necesidad vital de tener que reaccionar ante la falta educación, como instrumento para progresar. Los adultos sean docentes, familiares y responsables políticos de la sociedad no se emplean en persuadir a los jóvenes. Los unos esperan que lo hagan los otros. Los formadores que “aguantando un curso” ya sale el alumno de sus vidas, y parapetan en un desfasado manual de responsabilidades, eluden su deber profesional con la sociedad de una forma indignante sobre todo en la universidad que en un feudo de despropósitos sociales. Las familias, como tercer actor, agobiadas por el hecho de tener que sobrevivir económicamente y su rol en muchos casos lo han asumido los medios de comunicación y el consumismo. Nada cambia en la vida de los jóvenes, nada pueden ellos tomar como ejemplo de positivismo para poder contrastar, comparar y elegir. La misión de los políticos es proporcionar mensajes y pistas cognitivas para atraer la atención de los jóvenes y no hacen todo lo contrario con sus ejemplo de cohechos y delitos.

El futuro está en los jóvenes ni dudar. Estos optarán como ya lo empiezan a hacer por acciones neorrealistas y “pondrán el cascabel” a la desidia de los docentes y políticos con sus responsabilidades. Hay que proponerse ¡Fracaso escolar cero! Salvo que actúe el poder de los ricos y sus afines mandatarios, cortando el grifo de la EDUCACION para quienes no sean de su élite.  Este tema de la educación no ha llegado todavía al debate político y mediático. Creo profundamente que quienes ejercen la educación en los jóvenes, deben de ser los primeros en subirse al escenario del cambio y no permitir que la sociedad pasivamente se vaya destruyendo generación a generación. Muchos docentes deben tomar el timón del progreso. Muchos docentes va a tener que aprender como hacerlo. Muchos decentes deben de parar, pensar reinventase para enseñar  a los jóvenes a “estar solos consigo mismo” cómo dice Jaume Cabré, como la mejor idea revolucionaria de la transformación de las personas.


[1] Capacidad de los seres humanos de verse y reconocerse a sí mismos y de juzgar sobre esa visión y reconocimiento.